El Ludotecario Emilio a la nobleza lúdica (por fin)

Resulta un honor para esta prestigiosa institución lúdica, anunciar a nuestro distiguido público, que el Ludotecario Emilio Fontirroig ha sido distiguido en el foro de la “Sociedad Británica para el Conocimiento” como Besekero de la Semana y Baronet Actual, con lo que (por fin) pasa a formar parte de la Orden del Honor Lúdico y nobleza del mundillo hispanoparlante. ¡Enohorabuena, Emilio!

Nuestros más sinceros agradecimientos al baronet anterior, vilvoh (el chico que salió rana, @vilvoh) por la consideración que ha tenido con nuestro amigo.

Como siempre, es posible revisar y participar del hilo correspondiente a tan honorable designación, desde el foro de la BSK, haciendo clic en el vículo de abajo (para participar hay que estar registrado):

LUDOTECARIO EMILIO: BARONET #202

También es posible revisar los baronetazgos de nuestros otros ludotecarios:

Ludotecario Tomás: Baronet #101

Ludotecario Felipe: Baronet #117

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Juegos para “jugones”, para “especialistas” y Curvas de Aprendizaje

Ciertos jugadores no buscan solamente el solaz y el esparcimiento al rededor de una mesa de juego...

Ciertos jugadores no buscan solamente el solaz y el esparcimiento al rededor de una mesa de juego…

Actualmente está bastante arraigada la creencia sobre que el uso de cierta terminología específica, en ocasiones erística, asociada a ciertas áreas otorga una supuesta superioridad o prestigio dentro de los círculos correspondientes; lo vivo diariamente en la institución en la cual trabajo y el mundo de la afición por los juegos de mesa tampoco es una excepción. Eso como antecedente.

Hace algunos días atrás, mientras escuchaba el episodio 46 del excelente podcast “Días de Juego” (del compañero Paco Gurney), Pepe Roma, entrevistado del otro excelente podcast “Dos de Adobe”, relataba su experiencia cuando le tocó representar los colores de la Madre Patria en el mundial de Dominion. Me llamó la atención cuanto contaba sobre el nivel de los participantes, algunos de los cuales estaban totalmente especializados en el juego de marras y no hacían otra cosa que jugar a él, preferentemente a través de ordenador y de manera sistemática y casi maquinal, sustrayéndose completamente del metajuego e incluso de la diversión, que es lo que habitualmente se busca en este tipo de cosas y que, a mi juicio de ludotecario, es el propósito principal de éstas… en fin, para gustos, colores.

Días más tarde, mientras conversaba con el ludotecario Emilio sobre un juego llamado Four Fronts (del ajedrecista uruguayo Gabriel Baldi Lemonnier), le mencioné que si bien me había llamado la atención en un principio, al final había pasado de él ya que en el fondo no hacía otra cosa que proponer una instancia para que cuatro ajedrecistas pudiesen enfrentar sus intelectos de una sola vez. Mi opinión al respecto es que el “jugón” a la usanza no juega al ajedrez, y cuando lo hace, es en forma casual y porque no hay más alternativa… no me mal interpreten, defiendo el hecho de que todo jugón DEBE saber jugar al ajedrez, o al menos conocer sus reglas; es uno de los fundamentals de la afición e incluso soy un defensor sobre que se trata también de aquellos conocimientos que un padre DEBE transmitir a sus hijos en los primeros años de su formación, pero vamos, no se trata de un juego al que dediquemos el tiempo que se merece.

El jugón tradicional se debe a juegos con mecánicas euro, temáticas o abstractas casuales desde un modo aficionado; busca la mayor parte de la diversión de jugar en el metajuego y a la vez sabe (o debería) disfrutar tanto de la victoria como de la derrota.

El especialista, por su parte, concentra su atención en algunos pocos juegos de naturaleza profunda, y sus partidas constituyen retos a nivel personal en las que lo importante es lograr imponer su inteligencia sobre la del o los contrincantes en algo más parecido a un duelo que a un juego.

Lo anterior tiene mucho que ver en el por qué algunos juegos que aun siendo excelentes, pasan inadvertidos y luego pasan prácticamente al olvido… no envejecen bien podría decir alguien por ahí…

Se trata de juegos oficiosos y meritorios, con mecánicas bien aceitadas (fluyen bien), sus principios son sencillos, pueden ser muy bonitos estéticamente, pero adolecen del cuestionable pecado de ser prufundos, es decir, sus curvas de aprendizaje son leves…

But wait… WTF is a mild learning curve?!

(espera… ¿qué mier… es una curva de aprendizaje leve?)

Tengo la ligera impresión de que a día de hoy, la interpretación que se le otorga a las curvas de aprendizaje, aplicadas a los juegos de mesa, es absolutamente opuesta a su sentido real, y eso es porque empíricamente estamos condicionados a asociar los términos “alto”, “elevado” e “inclinado” con algo dificultoso, y los términos “bajo”, “llano” o “leve” con lo fácil. Pero en este caso, la cosa es al revés:

Una curva de aprendizaje constituye la deducción gráfica entre tiempo/éxito o repeticiones/resultados, en donde el tiempo está representado por la abscisa (x) y el éxito por la ordenada (y) en un sistema de coordenadas cartesianas (gráfico). De tal modo, un juego cuyo comportamiento promedio revela una curva inclinada y elevada, indica que se trata de un juego fácil de aprender y dominar, en el sentido de que en poco tiempo (pocas partidas), los resultados obtenidos mejoran exponencialmente; por el contrario, una curva en pendiente suave y alargada quiere decir que se trata de mejoras mínimas a través de una gran cantidad de partidas jugadas.

El Ticket to Ride revela casi todo de sí en las primeras partidas luego de aquello entrega poco más... Su curva de aprendizaje asciende rápidamente, para luego alcanzar una estabilidad constante

El Ticket to Ride revela casi todo de sí en las primeras partidas luego de aquello entrega poco más… Su curva de aprendizaje asciende rápidamente, para luego alcanzar una estabilidad constante

El aficionado común y silvestre (dígase “jugón”), habitualmente prefiere juegos que puedan revelar todo o gran parte de su potencial en una cantidad limitada de partidas, incluso a costa de la re-jugabilidad del juego, en el sentido de que rara vez se jugará en más de algunas ocasiones, ya que jugar mucho a un juego resta oportunidad de probar otros nuevos y por lo tanto, generalmente preferirá juegos con curvas elevadas e inclinadas.

Los juegos que, por el contrario, ostentan aquella profundidad latente que obliga a jugarlos y hasta “estudiarlos” demasiado para llegar a disfrutarlos en plenitud, generalmente tienen dos destinos bien diferenciados: convertirse en clásicos o caer en el olvido (o bueno, tres: convertirse en juegos de nicho).

El problema de los juegos que caen en el olvido por esta causa (o se vuelven juegos de nicho), es que aun pudiendo ser juegos excelentes (como lo son Epaminondas, Hex, Arimaa, Tantrix, Artaban, Genial, etc.), es que para lo que proponen, ya existe el ajedrez y el go (entre otros).

Ahora, por supuesto y como en todo, existen las medias tintas y toda la escala de grises entre los jugones más casuales y los jugadores especialistas, lo mismo que existe una amplia variedad de juegos con infinidad de curvas de aprendizaje distintas, es más, existen tantas curvas como binomios (juego/jugador) existan, ya que la experiencia con cada juego tiene un comportamiento distinto con cada jugador y de este modo existen personas que jamás repiten un juego, otras que se remiten exclusivamente a lo disponible en sus propias ludotecas, gente que se especializa en un solo juego (como los ajedrecistas, el japonés del Dominion que comentaba Pepe Roma o muchos fans de ciertos juegos de cartas coleccionables como Magic: the Gathering y tantos otros) e individuos que se restringen a cierto tipo de juegos, ya sean euros, ameritrash, 18xx, wargames (los grognards), etc… Lo importante es que La Ludoteca de Pampala tiene cabida para todos ellos 😉

(Barely Off-topic) Radioteatro del Combate Naval de Iquique (Guerra del Pacífico)

A quienes les haya parecido interesante la reseña hecha a la Guerra del Pacífico y al juego de mesa basado en ella (“Guerra en el Pacífico” de Andrés Paredes), podría resultarles interesante también un audio producido en 2003 por W Radio, sobre el Combate Naval de Iquique del 21 de mayo de 1879.

Lo interesante del audio es que está realizado como si se tratase de una cobertura periodística “en directo” de los hechos, similar a lo que hoy se conoce como “efecto CNN”, en 8 horas de transimisión ininterrumpida (sí, es bastante largo).

Se trata de una publicación especial del podcast “Historia de los Conflictos Modernos” como homenaje en el 135° aniversario de tan heroico y emblemático combate, crisol de héroes chilenos y peruanos. Esperamos que les guste.

ENLACE AL PODCAST “HISTORIA DE LOS CONFLICTOS MODERNOS”

Ludotopía: soñar x soñar (divagar x divagar)

ludo

Debo reconocer que aún siendo un gran fanático de Santo Tomás Moro, nunca he llegado a leer su obra más importante, “Utopía”, pero como todo individuo más o menos ilustrado, sí que sé de qué va la historia y por qué el título forjó el uso actual del término, incluidas también las distopías tan de moda, hoy por hoy.

Pero centrémonos en las utopías, las atlántidas y aquellos otros sitios idílicos o de ensueño centrados en algún bien específico, bien común o realidad especial… (incluyendo, por supuesto, a sus respectivos demonios, que otorgan el indispensable sentido de realidad al conjunto, como sucede en todo Paraíso o Jardín del Bien y del Mal que se precie).

No puedo olvidar aquellos gratos y efímeros momentos cuando ojeaba en la librería aquella obra gráfica creada por James Gurney, titulada “Dinotopía”, la cual gatilló, en parte, mi afición por crear mundos nuevos y fantasear con mis propias pseudo-realidades inventadas, algo así como aquello de “fantasía inspirada en el conflicto entre el deseo de poder y la capacidad de crear” que alguna vez leí por ahí…

Pero no cualquier mundo, dimensión o universo paralelo o destemporal constituye, necesariamente, una utopía o distopía, como no lo son la Era Hibórea de Robert E. Howard, el mundo de los magos de J. K. Rowling ni el Cuadragésimoprimer Milenio de Games Workshop, por mencionar sólo algunos. Una utopía requiere de una sociedad organizada y fundamentada en ciertos aspectos fundamentales y transversales que la conviertan en un estadio idílico de bienestar social (o malestar o terror para las distopías).

Hace ya mucho tiempo que tuve mi primer atisbo de lo que podría ser una ludotopía; recuerdo que fue un hilo en la BSK (si acaso la memoria no me traiciona), donde alguien mencionó una idea sobre la conveniencia de fundar un “asilo para ancianos jugones”, al cual lleguemos todos como coetáneos algún día, a pasar una distendida jubilación jugando a juegos de mesa todo el día, como si de una juntada (kedada) eterna (o al menos hasta la muerte) se tratase. La verdad es que si se deja de lado la tenebrosa y poco promisoria idea de la vejez, la senilidad y la sombra de los últimos días, pues entonces suena como una idea genial.

Al poco tiempo surgió la idea de la República Independiente de Besekalia, como una sociedad lúdica (y/o ludocrática) en la cual los ciudadanos serían los integrantes de la BSK… pero al poco andar surgieron las ansias de poder, baronets reclamando tierras y títulos de nobleza y yo mismo postulándome para Ministro de Guerra (con algunos grognards intentando boicotear mi campaña, por supuesto). La verdad es que nuestra propia naturaleza humana siempre nos arroja de vuelta a lo mundano y no nos permite trascender a los estadios superiores de pureza y dignidad.

Ya llegado hasta este punto, me doy cuenta que todo esto carece completamente de rumbo y no estoy muy seguro de qué es lo que quiero llegar a representar, salvo realizar el sincero, sencillo y sano ejercicio de fantasear y soñar por el solo afán de hacerlo, porque es gratis y es gratificante… y además, al igual que Santo Tomás Moro, tal vez algún día yo mismo logro trascender como quien acuñó el término: “Ludotopía”; o al menos su aplicación al mundillo de los aficionados a los juegos de mesa, porque al googlear el palabro, descubro una web porteña (porteña de Chile, es decir, de Valparaíso) llamada así mismo, sobre “innovación en proyectos de arquitectura…” ¡Es que no se puede ser original en este mundo!

La verdad es que mis aspiraciones son, tal vez, demasiado elevadas, en el sentido de que en realidad, ni siquiera la raíz latina “ludo” (ludus) está oficialmente asociada a los juegos de mesa y, en realidad, tampoco es exclusiva de ningún tipo de juego, ni siquiera en sus términos más amplios.

Etimológicamente hablando, con el latín ludus sucede algo parecido a lo que sucede con el griego sofos (utilizado el “filosofía“, por ejemplo), que tradicionalmente se interpreta como “sabiduría”, aunque también muchas veces como “conocimiento”, que aunque en términos sencillos se tratan de palabras similares, aquellos que gustamos del debate filológico sabemos que hay mundos de diferencia entre ellas.

En fin, se trata de palabras algo ambiguas y patidifusas de interpretación dura de definir y de significado esquivo y elusivo, cuyas traducciones se quedan cortas ante la amplitud y riqueza del término en su concepción original… para ejemplificar un poco, ludus y sus derivaciones se utilizaban para referirse a todo aquello relativo al entretenimiento (el cual, junto al conocimiento, constituye uno de los aspectos que definen al ser humano), al ocio y por extensión también al juego; a cualquier tipo de juego, desde el infantil e inocente juego infantil y físico de patios y parques, hasta el juego adulto y sexual (y también físico), pasando también por nuestros queridos juegos de cartas, fichas y dados que ya se conocían mucho antes que aquella época.

Más aún, uso del término no se detiene allí, ya que también se utilizó para designar la escuela elemental primaria y gratuita de la Roma del siglo III a.C., así mismo que el adiestramiento y ejercicio de múltiples y variadas disciplinas (como el deporte o el combate) y también se ha utilizado para disgnar infinidad de otras cosas de índoles diversas, como cierto tipo de piezas musicales e incluso es posible hayar la raíz en palabras como eludir y eludir, entre otros.

Así, llegamos a la conclusión que no es posible establecer cómo o por qué fue que se ha llegado a convenir la utilización del término para identificar lo relativo a los juegos de mesa; probablemente el culpable sea aquel juego llamado comunmente “Ludo” (que nuestros amigos españoles insisten en llamar “Parchís”), pero así y todo, la verdad sea dicha, no se trata de una palabra (o familia de palabras) exclusiva de nuestra afición y, es por ello, que en ocasiones cuando en conversaciones triviales y con gente no iniciada, al mencionar palabras como lúdico, ludopático, ludotécnico, ludografía (el listado de la obra de un autor de juegos de mesa), ludoteca o ludotopía, se nos quedan mirando así como diciendo:

 — ¿Y este tipo, de qué rayos me está hablando?—

Y la verdad es que ni yo mismo lo sé…