Los juegos de mesa unen al mundo

Esto parecerá uno de esos chistes: "Un cura, un rabino y un pastor entran a un bar..."

Un cura, un rabino y un pastor entran a un bar y los tres se sientan, alineados, en la barra frente al tendero… Éste deja de fregar el vaso que tenía en sus manos, los mira y les pregunta: “¿Es acaso esto un chiste…?”

Esto parecerá uno de esos chistes: “Un cura, un rabino y un pastor entran a un bar…”, y la verdad es que, aunque cómicamente, aquello ejemplifica bastante bien el aspecto sobre el cual deseo hacer una reflexión en estas improvisadas líneas.

Lo cierto es que una conversación a través de Hangouts que mantuve con el ludotecario Emilio a raíz de una elocuente entrada del compañero Lev Mishkin en su blog, Instituto de Estudios Solarísticos, pronto desembocó en lo variopinta que es la gente que puebla este mundillo creado en torno a los juegos de mesa… y no en lo referido al tema lúdico propiamente tal, en donde es posible encontrar autores, diseñadores, editores, críticos, bloggers, podcasters, desarrolladores, impulsores, detractores, trolls y aficionados en general en su gran mayoría… No, me refiero a lo otro, a lo ajeno a los juegos de mesa: a la afiliación o tendencia política, a las confesiones religiosas y/o sectarias, a las nacionalidades, a las opiniones personales respecto de distintos temas, a las edades, al género, a los gustos, las preferencias deportivas, las asociaciones futbolísticas, los trabajos, las realidades socio-económicas, al pensamiento liberal o conservador, el alineamiento ante la vida (legal o caótico), etc… diferencias que en muchos casos alejan a las personas, pero que los juegos de mesa son capaces de matizar o al menos solapar, permitiendo la co-existencia real e incluso amistosa dentro de una habitación, de personas que por otros motivos podrían tener diferencias irreconciliables.

Sin ir más lejos, en mi cuenta de tuiter, la cual tengo casi (y digo casi) 100% enfocada en mis relaciones lúdico-sociales, de vez en cuando dejo escapar alguna que otra arista de mi personalidad más allá de los juegos, cosa que también sucede con otros tuiteros y producto de lo cual en algún momento me he dejado llevar por la discusión ante el choque de esas aristas. Sin embargo luego del impase, la relación como aficionados a los juegos de mesa continúa sin más, sólo queda la impresión de que ciertos temas, con ciertas personas, es mejor dejarlos para otra oportunidad u otras plataformas de encuentro, ya que los putos 144 caracteres x tuit no alcanzan para desarrollar ideas con algún nivel de complejidad reflexiva…

Otro ejemplo, el cual me lo representó Emilio en la conversación que les mencionaba antes: en nuestro grupo de jugones somos cuatro individuos y los cuatro tenemos cuatro posiciones un tanto diferentes frente a la confesión religiosa o la existencia de un Ser Supremo, pero qué va, nadie anda diciendo por ahí: “Lo siento, yo sólo juego con Católicos” (lo de la religión es sólo un ejemplo, también valdría decir “Sólo juego con negros” o cualquier otro disparate).

No obstante y contrariamente a lo que intento representar, cabe decir que también existe la creencia de que el juego, como práctica, más que unir distintos tipos de personalidades, sólo es capaz de reunir con el fin único de jugar, pasando, ocultando o matizando el resto de la personalidad de cada individuo o jugador, lo cual en cierto sentido podría justificarse… la última juntada a jugar que tuve, por ejemplo, solamente nos dedicamos a eso, a jugar, enfocándonos en aprovechar el tiempo disponible para jugar a la mayor cantidad posible de juegos… lo pasamos bien, pero al final cuando uno preguntó si después nos íbamos de “piscolas” (cóctel nacional a base de pisco+cocacola+hielos), resultó que cada uno debía seguir con los asuntos propios de su vida privada: la familia, descansar para el trabajo del día siguiente, etc… De acuerdo a relatos de juntadas (kedadas) similares en blogs y podcasts, esto que digo al parecer es bastante común entre los aficionados del tipo “durillo” y eso de que “vamos a lo que vinimos” puede resultar ser la tónica de muchas reuniones lúdicas.

Sin embargo y muy a pesar de ello, la relación existe; de lo contrario, ¿por qué debería yo juntarme con otros individuos tan distintos de mi o de mi forma de pensar?… Los hay quienes creen que el conocimiento sobre ciertos aspectos de la personalidad propia alejaría a muchos y habría muchos “unfollow” en las cuentas de tuiter… sin ir más lejos, yo mismo en más de un momento he reprimido algún tuit a fin de no convertirme en “impopular” por pensar de un modo que uno cree distinto a lo que cree o piensa la mayoría.

Pero al fin y al cabo, de lo que sí estoy seguro es que el juego, por más enfoque que uno pueda tener en él y sobre él, es un elemento infalible para revelar la personalidad genuina de la gente, y poniendo un poco de atención, es posible llegar a conocer mucho a una persona por el modo en que juega, y venga a colación aquella cita lúdica platónica tan famosa y que no es primera vez que saco a relucir en una entrada:

«Puedes descubrir más de una persona en una hora de juego que en un año de conversación»

 —Platón.

Lo anterior, amén de la cantidad de personas y personalidades interesantes que se pueden descubrir a través del juego, y cómo a través de ese gusto en común se es capaz de llegar a amistar con gente e incluso admirar a individuos que de otra forma, ya sea por prejuicios, ideologías o simple desconocimiento o falta de interés, perfectamente uno podría ignorar o incluso repudiar.

Existen otros ejemplos, más grandilocuentes, de reunión de causas y elementos opuestos a través de un juego de mesa, como por ejemplo los enfrentamientos entre Bobby Fischer y Boris Spassky durante el Campeonato Mundial de Ajedrez de 1972, en plena Guerra Fría, o el encuentro de dos generaciones distintas en un juego de go, como lo relata magistralmente el Premio Nobel, Yasunari Kawabata, en su novela “El Maestro de Go” (“Meijin”).

Alguien, mal o bien intencionado, podría sugerir que hay otras causas o aficiones que consiguen lo mismo, como el deporte, la música, la literatura, la filatelia, el cine, etc… y es cierto, pero muchas de ellas desarrollan sus aspectos principales dentro del ámbito personal (como el coleccionismo) o a modo de diálogo unidireccional (cantante/oyente, escritor/lector, director/espectador, etc…), y además, muchas de ellas han sufrido tal explosión comercial que se han visto afectadas por flagelos como las prácticas abusivas, la súperexposición, el doping, las drogas, las mafias, las apuestas, la desnaturalización comercial, el fanatismo violento, etc… No digo que algunas de esas cosas no ocurran en el mundo de los juegos de mesa, pero estoy seguro que la escala es muchísimo menor.

Sí, pese a todas las diferencias, creo firmemente que los juegos de mesa, más allá de victorias y derrotas, representan una inestimable instancia de encuentro, son capaces de acortar distancias en otros casos insalvables; unen a las personas y unen al mundo.

 

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3 pensamientos en “Los juegos de mesa unen al mundo

  1. Lo genial de los juegos a la hora de unir a las personas es su carácter autocontenido: en una partida a un juego poco importan tus ideas políticas, religiosas o tu comida favorita: todo el mundo comienza del mismo modo y nos centramos en ese mundo que hemos creado: durante unos minutos (u horas, que un TI3 es un TI· :D), somos entes autónomos y en esa autonomía conectamos. Lo cual es una suerte porque, como dices, nos ayuda a conocer gente con ideas y visiones muy distintas a las nuestras, que quizá podamos compartir tras la partida con una cerveza o un café en la mano, y enriquecernos más aún.

    Rodearse de gente completamente afín tiene que ser muy aburrido, como tener por toda compañía un espejo y un micrófono.

    • Tienes mucha razón y tu comentario se parece mucho a un correo que me envió el ludotecario Emilio sobre lo mismo (¿o fue el de Ruloma?), en el decía sobre lo estupendo que es cuando dos o más voluntades frikis sincronizan y armonizan en un afán común, independiente de si están compitiendo o no, y creo que en los juegos eso se da mucho más que en otras actividades compartidas… Se parece quizás un poco a la mística que se forma cuando trabajas en equipo…

      Gracias por el aporte e interés.

  2. Pingback: Snobismo y juegos de mesa | La Ludoteca de Pampala

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