Lanzamiento del libro: “BREVE HISTORIA DE LOS JUEGOS DE MESA”

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A mediados de agosto de 2014, el Director Maestro de la Ludoteca me encomendó una relevante tarea cuyo objeto sería la difusión de los juegos de mesa a través de la publicación de una historia resumida sobre el desarrollo de éstos como componente cultural de las diversas civilizaciones que han existido a través de los tiempos…

El texto basal de dicho resumen sería la colección de manuscritos recopilatorios que forman el trabajo de la vida de uno de los ludotecarios más importantes que han pasado por esta ludoteca: Ludovico Tebbensis, conocido como “El Viajero”, quien recorrió el mundo en busca de los más diversos juegos de mesa, los que serían compilados en una “Enciclopedia Lúdica Universal”, trabajo que quedó inconcluso luego de la misteriosa desaparición de éste en uno de sus viajes.

Sin embargo, el trabajo que me encomendó nuestro Director sería, forzosamente, bastante menos ambicioso que el del ludotecario Tebbensis, sentando aquello desde un comienzo con la imposición del título que debía llevar esta publicación: “Breve Historia de los Juegos de Mesa y su desarrollo en las culturas a través de los tiempos”.

Pues bien, “Breve Historia de los Juegos de Mesa y su desarrollo en las culturas a través de los tiempos” (BHJM), ha sido terminado de redactar y diagramar en fecha reciente y hoy, aprovechando la fecha del cumpleaños de este humilde ludotecario, he querido liberarlo para el disfrute de todos nuestros amigos, seguidores y a todo quien le interese interiorizarse un poco sobre la fascinante historia que hay detrás de estos peculiares elementos culturales que forman los modelos lúdicos de las diversas civilizaciones y culturas, desde la antigua Mesopotamia hasta el mundo globalizado actual.

En adelante, idealmente en forma semanal, iré publicando en forma ordenada los diversos apartados que componen el libro… pero no desesperéis, que al final de la entrada podrán encontrar el vínculo de descarga para bajarse el libro completo (en PDF), por si prefieren disponer inmediatamente del texto completo, para lo cual ha sido liberado bajo una licencia Creative Commons (CC-BY.NC.SA)

Antes de proceder con la transcripción de la introducción del libro, quisiera agradecer a todos aquellos han aportado con apoyo, opinión, crítica, revisión, aporte o con su sencillo interés por este trabajo, entre otros: Antonio Catalán (@AcvGames), el ludotecario Emilio Fontirroig (@Emilio_FK), Andrés Paredes (@fabber), Juan Bascuñana (@jbascu), David Arribas (@davidarribas), Damian Walker (de la web Cyningstan: Traditional Board Games), Pedro García (@PedrOte), Sheila Santos (@io_shei), Juan José Fernández, Fran Díaz (@nalekh), (la Sra. Papa) Mami Meeple (@mami_meeple), Fran Garea (@garea37), Muchachita Ludica (@MuchachitaLudic), Limón Lúdico (@LimonLudico), Alex (@rorcual), Mario López Menés (@MarioLMenes) y a los amigos del Laboratorio de Juegos del Siniestro Dr. Meeple: Andrés, César, Gonzalo, Óscar (@osgonsep), Pablo, Pedro y Rodrigo. Mis disculpas si he olvidado a alguno.

 

INTRODUCCIÓN

El juego, como actividad humana en sí misma, corresponde a la acción de ejercitar dentro de un medio controlado, los diferentes aspectos que el individuo requiere dentro de su formación más básica, como puede serlo el desarrollo intelectual y las motricidades fina y gruesa, y luego la complementación de todo eso para crear competencias más complejas, derivadas todas de las necesidades como especie, en el plano general, y a su propia participación individual dentro de su comunidad, en el plano particular. Es por ello que los juegos físicos de la infancia nos enseñan a desplazarnos, a escondernos, a buscar, a caer, a luchar, a liderar… y es posible encontrar su referencia incluso en el aprendizaje lúdico de los cachorros animales, que les enseña gradualmente a desenvolverse en un mundo que les es hostil.

Posteriormente y desde nuestros albores como raza humana, el individuo ha sentido la necesidad de realizar una actividad lúdica más sofisticada deducida de su rol de especie dominante e inteligente, con una capacidad de raciocinio más evolucionada y compleja.

Cuando las comunidades humanas descubrieron la importancia de su situación geográfica y desarrollaron las técnicas de agricultura y ganadería, debió de haber sucedido que, por el abandono de las antiguas prácticas de la vida nómada, la caza y la recolección, se produjo una mayor disponibilidad de tiempo libre, útil para el desarrollo de otras competencias hasta entonces menos empleadas y que iban a requerir de un medio lúdico más sofisticado para su desarrollo, habilidades como la sociabilización y el intelecto que luego daría paso a las ciencias y a las artes.

Aquella necesidad es la que sin duda debe haber dado cabida a la aparición de juegos cada vez más complejos que aquellos meramente físicos e infantiles, y que a la vez de otorgar solaz durante los momentos de ocio, promovieran o desarrollaran las nuevas capacidades de la especie, como podrían serlo la siembra, la percepción del paso de las estaciones, el conocimiento de las tierras cercanas, la alfarería y la construcción de herramientas, la guerra y tantas otras. Es en este escenario donde deben de haber aparecido los primeros antecedentes de los juegos de mesa, reproducciones abstractas de los más diversos fenómenos que sucedían alrededor de los primeros asentamientos humanos.

Es por lo anterior, que las referencias de juegos de mesa en la civilización parecen fundirse con la historia misma de la humanidad, al menos desde que ésta tuvo la capacidad intelectual y manual de construir componentes y de asimilar y manejar reglas y mecánicas asociadas a aquellos y en convención con otros individuos.

El conjunto de componentes de índole lúdica más antiguo del cual se tiene constancia, fue encontrado en excavaciones realizadas en las cercanías de lo que fue la ancestral ciudad de Ur, en la antigua Mesopotamia (actualmente Irak). El hallazgo se realizó en 1920, como parte de la expedición arqueológica que dirigió Sir Leonard Woolley en el complejo arqueológico conocido como Las Tumbas Reales de Ur. En total se encontraron dos conjuntos lúdicos, de los cuales uno se conserva en el Museo Británico. Las dataciones realizadas por los expertos sitúan la pieza como perteneciente a la Primera Dinastía de Ur, anterior al año 2600 a. C. Este juego se conoce en la actualidad como “El Juego Real de Ur”.

No obstante, pero sin evidencia de un conjunto físico de juego anterior al Juego Real de Ur, se tiene constancia de un juego probablemente más antiguo, conocido como Senet, cuya evidencia de mayor data ha sido recogida desde el Antiguo Egipto, específicamente de una pintura en un muro del hallazgo arqueológico conocido como La Tumba de Hesy, perteneciente a la III Dinastía (desde el 2700 a. C.). También existen otras referencias más modernas y famosas, como la pintura de la Reina Nefertari, la esposa de Ramsés II “El Grande”, jugando en solitario, o los cuatro conjuntos completos hallados en 1922 por la expedición de Howard Carter en la Tumba de Tutankamón.

También pueden ser consideradas las sesenta piezas de origen presumiblemente lúdico, halladas en Shahr-i-Sokhta, al este de Irán; un yacimiento arqueológico perteneciente a la Edad del Bronce, cuya data ascendería al 3000 a.C. Lamentablemente de estas piezas no se ha obtenido mayor antecedente ni contexto sobre su uso.

Los ejemplos anteriores pertenecen sólo a las referencias más pretéritas que se tienen sobre los juegos de mesa, sin embargo también es posible recoger antecedentes de la presencia de este tipo de divertimentos en las más variadas latitudes y períodos históricos, tanto así, que el filósofo de la Grecia Clásica, Platón, atribuía la invención de este tipo de juegos al dios egipcio Toth, quien compartía varias características comunes con el dios Hermes del panteón griego.

Desde la misma Grecia Antigua, se tienen referencias de un juego llamado Petteia (Pessoí, Psêphoi o Pente-Grammaí), el cual debió de haber sido similar a Las Damas modernas, de acuerdo a las traducciones de Homero.

 

“[…] allí encontró a los nobles visitantes sentados sobre las pieles del ganado que habían abatido y devorado, y jugaban a las damas frente a la casa.”

–Homero, La Odisea, S. VIII a.C.

 

De la Petteia de los griegos parece haber evolucionado el Ludus Latrunculorum (Juego del Ladrón) de los romanos y que posteriormente, durante la Edad Media, daría origen a una gran variedad de juegos conocidos genéricamente como “Tafl”, los cuales proliferaron bastante en la Europa germánica-nórdica a partir del S. IV d.C. y hasta su declive entre los siglos XI y XIV, con la llegada del Ajedrez, traído por los árabes y que a su vez descendía de otros juegos de estirpe más oriental con raíz en el Chaturanga de la India, cuya referencia más antigua se encuentra en el mismísimo Majábharata, uno de los textos épico-religioso más importantes del Hinduismo, el cual proviene desde el siglo III a.C.

Junto al Ludus Latrunculorum, los romanos también solían jugar a otro juego llamado Tabula, el cual sería el antecesor del Backgammon de la actualidad y que a su vez comparte elementos incluso con el Juego Real de Ur y el Senet.

Paralelamente al desarrollo de los juegos Tafl, apareció otro tipo de juegos de estirpe nórdica, pero arraigados también en los vestigios del Imperio Romano, conocidos como molinos o danzas, de los cuales el más conocido era la Danza de los Nueve Hombres, Molino de Nueve Piezas o Nine Men’s Morris.

Con respecto al Chaturanga indio, de él surgió el Shatranj en Persia y que luego los árabes llevarían hasta Europa, donde como ya se ha dicho, acabaría convirtiéndose en el juego del Ajedrez para occidente y el Xiangqi en China.

Como puede apreciarse, del mismo modo que la escritura y muchos otros elementos culturales, los juegos de mesa aparecen de forma independiente en diversos lugares del globo y luego viajan y se mezclan con otros, dando origen a diversas ramificaciones que luego irán dando origen a la inmensa mayoría de los juegos que se conocen hoy en día.

Además de los juegos mencionados anteriormente, existen también muchos juegos históricos que por diversos motivos (seguramente el principal es su data más reciente), en lugar de expandirse y fusionarse con otros, se mantuvieron restringidos dentro de ciertas zonas geográficas, llegando a ser a día de hoy referencias culturales de los pueblos que las habitan, como sucede con el Go (o Weiqi) y el Mahjong que se suscriben principalmente al Lejano Oriente.

En África es posible rastrear una familia de juegos llamada “Kala”, cuyos registros históricos más tempranos es posible hallarlos en Etiopía y los cuales posiblemente representan los primeros juegos de estrategia. De esta familia de juegos provienen los más conocidos Oware y Mancala.

Al otro lado del mundo, en lo que hoy es Oceanía, es posible encontrar juegos como el Mu-Torere (Nueva Zelanda) o el Surakarta (isla de Java), al igual que en otras locaciones tanto o más exóticas aún, como por ejemplo el Bagh-Chal en Nepal, el Fanorona en la isla de Madagascar, el Awithlaknannai en las tribus amerindias del norte y el Yoté en el África subsahariano, sólo por mencionar algunos.

El mismo juego del Ludo (o Parchís) proviene de un juego de origen hindú llamado Pachisi, el cual podría remontarse aproximadamente al año 500 a.C. y que en tal caso sería contemporáneo con el Príncipe Siddartha Gautama (Buda), a cuya divinidad la tradición le atribuye una curiosa anécdota sobre juegos, en el sentido de haber definido el primer catálogo de juegos de mesa, aunque en realidad consistía en un listado de juegos a los cuales “él nunca jugaría” y que por lo tanto se convirtió a su vez en la primera censura lúdica, incluyendo entre otros, juegos con tableros de 8 ó 10 filas y juegos de lanzar dados. Lamentablemente no se sabe de los motivos por los cuales aquellos juegos figuraban en dicho listado, aunque presumiblemente fue una manera de mitigar el efecto de la natural tendencia humana al envite.

Dando un salto gigantesco a través de los tiempos, más adelante en la historia puede encontrarse El Juego de la Oca, cuyo origen resulta extrañamente difuso y se ha atribuido a raíces tan dispares como al asedio de la ciudad de Troya por parte de los griegos, a los Caballeros Templarios y su relación con el Camino de Santiago o a la Florencia de los Medici durante la época del Renacimiento. Pero independientemente de su origen, el juego marca casi sin dudas la proliferación de los juegos de recorrido con motor de dados, hasta la aparición de El Juego del Terrateniente (The Landlord’s Game), el cual a través de un proceso bastante interesante, incluso escabroso, luego se convertiría en el actual y mundialmente famoso Monopoly, juego que junto a otros que seleccionadamente van a ser explotados comercialmente por los grandes consorcios jugueteros surgidos a partir de mediados del S. XIX y comienzos del S. XX, más la influencia de ciertos juegos nacidos desde el corazón de las simulaciones de guerra celebradas por los estados mayores militares, modernizados por la influencia del general prusiano Carl Von Clausewitz,    serán los precursores, entre otros, de lo que en la actualidad llamamos los “juegos de mesa modernos” y de sus distintas escuelas: la alemana o europea y la temática o americana, de las cuales surgen la gran mayoría de los distintos juegos de mesa que se desarrollan hoy en día, además de los mismos wargames (juegos de guerra), juegos de rol, juegos de cartas no-tradicionales y tantos otros.

Trazar una línea o árbol evolutivo referente a juegos de mesa en la historia humana resulta un ejercicio prácticamente imposible de realizar, incluso en los términos más generales posibles, en gran medida debido a la enorme cantidad de influencias de las cuales éstos se han desarrollado y las muy diversas clasificaciones que se les puede otorgar, incluso a un único ejemplar, como pueden serlo su data, origen, naturaleza, componentes, mecánicas y cantidad de jugadores, entre otras, características que en muchos casos no están lo suficientemente claras (como la data y el origen) o no están bien definidas por ser demasiado subjetivas, además que muchas de éstas parecen entremezclarse en una maraña indesentrañable.

Del mismo modo, el ordenamiento que se ha dado a este estudio, dividido en cinco capítulos más algunos apéndices, obedece a un esfuerzo que necesariamente en más de una ocasión podría resultar inoficioso o incluso incoherente, por lo cual se pide de antemano al lector las más sinceras disculpas. En términos generales, los juegos históricos aquí presentados se han agrupado, en un primer orden, dentro de las principales regiones geo-histórico-culturales, y dentro de éstas cada vez que se ha podido, se han agrupado familias de juegos con características generales similares, intentando respetar el origen cronológico estimado de cada ejemplar.

Lamentablemente muchos juegos y familias completas de éstos escapan a cualquiera de los grupos antes mencionados y a través de la historia surgen o influencian a otros ejemplares o familias en diversas partes y épocas del globo, como puede serlo el caso del Ajedrez moderno, que como ya se ha mencionado, parece ser parte de una familia que se inicia con un juego probablemente hindú y el cual luego se ramificó a través del Shatranj del Imperio Persa, tanto por una rama occidental de juegos, primero medieval y luego moderna,  y otra rama oriental que a su vez dio origen a múltiples variedades locales del juego, cada cual con interés y tradición propia. Es más, actualmente han surgido a través de una suerte de “generación espontánea”, una multitud de juegos abstractos que recogen sus fundamentos desde la tradición del Ajedrez, como por mencionar sólo algunos: Epaminondas, que se juega exclusivamente con peones y “falanges” formadas por éstos; Arimaa, que constituye una muy elegante sofisticación de las reglas y tema del Ajedrez; Artaban, que se juega con dados en lugar de piezas y Four Fronts, una interesantísima versión que en cierto modo retorna a los principios originales del Chaturanga, enfrentando a cuatro jugadores sobre el mismo tablero.

En virtud de lo anterior, en el Capítulo I, se han incluido juegos históricos que se circunscriben a la tradición cultural occidental, considerando las principales civilizaciones de la Antigüedad (Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma), algunos desarrollos lúdicos importantes de la Edad Media en Europa y algunos ejemplares interesantes surgidos desde el Renacimiento hasta los años previos a la Era Industrial.

En el Capítulo II, se ha recogido la ludología histórica de la tradición cultural oriental, enfocada a la región geográfica que hoy representan la India y Nepal, China, Mongolia, el sudeste asiático hasta la parte continental de la Península Indochina, la Península de Corea y las islas del Japón; la vasta zona conocida como el Lejano Oriente.

El Capítulo III, habla sobre algunos juegos y familias de éstos que por motivos de aislamiento histórico y geográfico, las tradiciones culturales en que se desarrollaron quedaron separadas de las anteriores, como lo son la América pre-colombina, las “Islas del Mar del Sur” y el África “no-egipcia” meridional y sahariana.

El Capítulo IV está dedicado a la historia del Ajedrez y la familia de juegos alrededor de él y otros juegos de damero relacionados.

En el Capítulo V, se desarrolla el tema de los juegos de mesa en términos globalizados, desde la industrialización hasta la actualidad, enfocando en la generación de los juegos de mesa modernos, las actuales escuelas de diseño y las influencias y precursores de ambos.

Los Apéndices incluyen información adicional sobre las fuentes y referencias utilizadas para la redacción de este libro, además de un detallado Índice de Nombres y algunos otros antecedentes que pueden resultar de interés para el lector.

 Finalmente, se quiere hacer presente que la confección de este libro obedece a un esfuerzo más bien oficioso que riguroso o exhaustivo basado principalmente en un extenso archivo documental conocido como la “Enciclopedia Lúdica Universal”, la que reúne una gran cantidad de manuscritos elaborados por el ludotecario Ludovico Tebbensis, sobre sus viajes en búsqueda de juegos de mesa por todo lo ancho y largo del mundo. En tal sentido, aunque la gran mayoría de la información aquí volcada ha sido contrastada con conocimientos e historia más actualizada, existen casos en que las fuentes resultan tan escasas, o por el contrario, tan diversas o disímiles unas de otras, que pese a la buena fe puesta en todas y cada una de las referencias, resulta imposible avalar la solidez o exactitud de todas ellas.

 

BREVE HISTORIA DE LOS JUEGOS DE MESA
y su desarrollo en las culturas a través de los tiempos
(Descargar libro en PDF)

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