Ludus Duodecim Scriptorum y Tabula, juegos romanos (BHJM #6)

Tabula_carmina_burana

Representación de una partida de Tabula, extraída del texto medieval conocido como Carmina Burana, escrito durante el S. XIII

El Ludus Duodecim Scriptorum

Ludus Duodecim Scriptorum (Juego de las Doce Marcas) o XII Scripta o también conocido como Felix Sex (aunque sobre esta denominación existe cierto debate aún), era un juego al que jugaban los romanos y del cual han logrado sobrevivir sólo algunos pocos antecedentes, entre ellos algunos tableros labrados en roca, de cuyas tres líneas paralelas compuestas de 12 casillas cada una, se ha extraído el nombre en latín.

Algunos sostienen que se trató de una versión tardía del juego del Senet de los egipcios, que los romanos habrían llevado a la urbe como parte del intercambio cultural entre ambos pueblos. Sin embargo algunos otros creen que esto es improbable, en medida de la casi milenaria diferencia temporal de ambos juegos.

La mención arqueológica más temprana que se ha podido encontrar, se halla entre las páginas del “Ars Amatoria” del poeta Ovidio, el cual fue escrito probablemente en el S. II d.C.

Además del tablero, se ha llegado a deducir de acuerdo a coincidencias entre distintos hallazgos arqueológicos, que se jugaba entre dos jugadores, cada uno de los cuales estaba premunido de 15 piezas y 3 dados de seis caras. Algunos tableros, seguramente para principiantes o jugadores casuales, usaban letras que señalaban el orden de las casillas, las cuales al parecer solían formar sentencias que facilitaban su memorización o transmitían algún mensaje interesante o divertido; a continuación algunos ejemplos (nótese que cada vocablo latín está compuesto de seis letras):

LEVATE-DALOCU-LUDERE-NESCIS-IDIOTA-RECEDE

(Lárgate, idiota, nunca te enterarás de cómo funciona este juego)

VENARI-LAVARI-LUDERE-RIDERE-OCCEST-VIVERE

(Cazar, bañarse, jugar, reir. Eso es vivir)

 

La Tabula

Tabula (del latín “tabla”, “tablero” o “mesa”) se trata de un juego al que solían jugar los romanos y que en principio, según parece, antes había sido conocido por el nombre de Alea, forma latina de origen griego que sirve como significando para términos tales como dado, fortuna, suerte y apuesta, de hecho, figura como parte de una de las citas más famosas de Julio César, cuando al cruzar el río Rubicón, éste pronunciara: “Alea iacta est”, lo cual se traduce normalmente como “la suerte está echada”, pero se tiene como más correcto “los dados se han lanzado”; frase que vendría a ser la más vieja referencia de lo que actualmente se conoce como “punto de no retorno”.

Curiosamente, pese a no ser precisamente un juego de estrategia (aunque la tiene) y mucho menos de estrategia militar, la Tabula está muy estrechamente relacionada con las tropas: a parte de la cita juliana antes mencionada y de la importancia que cumplió el rol de las legiones en la expansión geográfica del juego, de acuerdo a “Etimologiae”, una enciclopedia etimológica compilada y publicada por Isidoro de Sevilla el año 600 d.C., el antiguo nombre del juego provendría de su propio creador, un soldado griego llamado “Alea”.

No se tiene certeza absoluta sobre cuándo se habría producido el cambio en la denominación del juego, pero la descripción más temprana hallada corresponde a un epigrama sobre el Emperador Bizantino Zenón (425-491) escrito por Agatías de Mirina (527-567), en el cual cuenta a modo de anécdota alegórica, un episodio de la vida de aquel regente en el que, jugando una partida a este juego, pasó de una condición muy fuerte a otra muy débil luego de una sencilla, pero devastadora tirada de dados… El escrito de Agatías de Mirina posteriormente sirvió para que en el S. XIX, Becq d’Fouquières realizara su trabajo de reconstrucción histórica sobre las reglas del juego, las cuales se consideran como la hipótesis más probable hasta hoy en la actualidad.

También es sabido que el Emperador Claudio (50 d.C.), era un gran entusiasta de este juego y que incluso llegó a escribir un tratado al respecto de él, pero que lamentablemente no se ha conservado.

Aparentemente este juego proviene del Ludus Duodecim Scriptorum, y es a su vez el antecesor del Backgammon moderno y existen constancias arqueológicas de que al menos desde el año 200 a.C. ya existía y formaba parte de la vida cotidiana del pueblo de Roma. Una interesante pieza, consistente en un grabado en el dorso metálico de un espejo de mano de aquella época, enseña una pareja de jóvenes dialogando frente a un tablero en plena partida de este juego; la parte del diálogo correspondiente al joven resulta ininteligible, pero la réplica femenina dice: “creo que yo he ganado”.

Como ya se ha insinuado, al parecer este juego era bastante popular entre las tropas legionarias, ya que gracias a ellas y a las campañas que llevaban a estos soldados a diversos lugares, expandiendo las fronteras del Imperio, Tabula fue llevado hasta todos los rincones de Europa y más allá, incluso hasta Arabia a través de la expansión hacia el Medio Oriente durante el S. I d.C.

Dado semejante alcance geográfico, muchos juegos posteriores y de muy diversos lugares van a influenciarse y a recoger elementos de este juego romano, como por ejemplo el Nard en Arabia, el Sixe-Ace en Hispania, el Tourne-Case el Britania, el Fayles en Gran Bretaña, el Ad Elta Stepur en Islandia e incluso algunas variantes con dados de los juegos Tafl de estirpe nórdica.

En el caso específico del Nard árabe, existe una discusión sobre el verdadero origen de éste, a instancia que por su posterior difusión al Lejano Oriente, los entendidos chinos insisten en que el juego nació, así como muchos otros, en la India. Lamentablemente resultado de paralelismos que son, por difícil que parezca, bastante comunes en el desarrollo de los juegos de mesa, es muy difícil zanjar certezas absolutas al respecto. Este fenómeno posiblemente encuentra su explicación en la existencia necesaria de una suerte de “sentido lúdico común” presente en la conciencia de los hombres y en la idiosincrasia de los pueblos, además de los intercambios culturales mutuos habidos entre las diferentes civilizaciones producidos a través de milenios de historia humana.

Este juego, al menos en occidente, tiene a su haber el cuestionable honor de ser el responsable de las primeras referencias que se tienen sobre casos de ludopatía, ya que su práctica llevó a asociarse, y con razón, al establecimiento de apuestas de dinero, llegando a niveles tan preocupantes entre la sociedad, que durante el período de la República debió ser declarado ilegal y su práctica prohibida, excepto durante las fiestas Saturnales.

No obstante lo anterior, la Tabula, como juego de mesa, logró trascender al Imperio Romano y perdurar hasta la Edad Media, para posteriormente llegar a convertirse en el Backgammon moderno, el cual, en realidad no difiere demasiado de su antepasado, constituyendo todo un mérito para esta ancestral manifestación lúdica.

 

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Rizando el rizo: criticar la crítica

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Me gusta que se instale el tema de la “crítica” dentro de la afición hispanoparlante del mundo de los juegos de mesa y leo con delicia aquellas redactadas por quienes considero pioneros en esto, quienes se toman el asunto en serio y le imprimen un sello cuasi-profesional a sus textos, independientemente de que todos ellos aún se desenvuelven en el plano amateur… pero no en la faz mediocre del amateurismo, si no que en aquella fundada en la etimología misma de la palabra amateur; en el amor que se siente por aquello que se promulga o se hace.

Dicho lo anterior, creo que el pie o estándar mínimo exigible a quien pretende “criticar”, es el buen uso del idioma… Lo siento, no pretendo que para criticar juegos de mesa haya que, forzosamente, ocupar alguno de los sillones de la Real Academia Española, pero sencillamente no puedo con aquellos textos cuyos “autores” pareciera que no saben diferenciar entre el “hay”, el “ay” y el “ahí”, por mencionar algunos de los errores que me saben más recurrentes.

Creo que es posible entender la comisión de alguno que otro “mote”, derivas gramaticales o de tiempos verbales, faltas ortográficas o de puntuación inocentes e incluso “palabros” inventados para sortear conceptos no muy convencionales, pero también creo, firmemente, que el objeto de éstas críticas —los juegos de mesa—, son obras a la vez intelectuales y artísticas de aquellos que tuvieron parte en su creación, y por lo tanto, independiente de si gustan o no, e incluso de su misma calidad como tales, merecen que su propia crítica, positiva y aún más la negativa, parta del respeto por aquella condición, el cual no sólo se demuestra en la mesura al momento de escoger el léxico y los calificativos que se utilizarán para describir o analizar lo criticado, sino también del esmero que debe observar aquél que se figura desde un plano superior, necesario para emitir la crítica.

El no guardar las formas correspondientes, ubica al crítico por debajo de la obra criticada y por lo tanto cualquier cosa que diga adolecerá inmediatamente de la percepción de fuerza o justificación requerida. Generalmente rechazo, casi en forma inconciente, aquellos prospectos de críticas en las que los fallos ortográficos y gramaticales, gruesos y repetidos, resultan convirtiéndose en un factor multiplicador de lo visceral y lo burdo.

Por ningún motivo quisiera que se me mal entendiese y se pensara que estoy diciendo que una persona poco instruida no pueda tener su propia opinión de esto o de aquello, nada de eso; hablo específicamente de críticas escritas a través de un medio público y dirigidas a un producto cultural, nacido de algún tipo de esfuerzo intelectual y/o artístico, el cual merece incluso al ser criticado, lo mismo, un esfuerzo.

Las Damas Egipcias y la Petteia de los griegos (BHJM #005)

Damas egipcias

Dibujo encontrado en un papiro egipcio que actualmente se conserva en el Museo Británico. Aunque se desconocen más antecedentes sobre el juego que representa, se lo menciona normalmente como “Damas Egipcias”; el antílope parece haber perdido frente al león, el cual realiza la jugada de la victoria mientras recoge sus ganancias en una bolsa

 

De los juegos de estrategia existen diversas referencias, a partir al menos desde el Antiguo Egipto, donde se han encontrado principalmente piezas semejantes a las de los juegos de Las Damas, confeccionadas en distintos tipos de materiales y que suponen diversas naturalezas; las hay, entre otras, algunas de cristal, otras talladas con la forma de cabezas de león y algunos conjuntos incluyen piezas en dos tamaños diferentes, lo que podría evidenciar una jerarquía o efectos distintos dentro del supuesto juego, como la sugestión de “oficiales” y “tropas”, por ejemplo.

Estos juegos parecen haber estado gobernados por mecánicas o principios similares a Las Damas en cuanto a un tipo de movimiento básico y sumamente limitado, muy probablemente de a un espacio por vez y algún método de captura por “salto” de la ficha adversaria u “ocupación” del espacio correspondiente. Además, los tableros o fragmentos rescatados dan luces sobre posibilidad de movimiento tanto ortogonal como diagonal, lo cual marca una estructura básica y común de juego desarrollada en múltiples culturas y civilizaciones. Sin embargo no existen evidencias claras sobre “promoción” o “coronación” de las piezas, como sucede en las versiones más evolucionadas de estos juegos.

En el caso de los griegos sucede algo similar respecto de un juego al que se le conoce como Petteia, de acuerdo a referencias escritas que se han encontrado; de hecho, Homero menciona este juego en aquel pasaje de La Odisea que se ha transcrito en la introducción de este libro, el cual los traductores posteriores interpretaron como un juego de Damas, traducción meramente funcional que al parecer no estaba demasiado alejada de la realidad. Así mismo se han encontrado fragmentos de vasijas y otros cacharros que muestran a los héroes Ajax y Aquiles enfrentados en lo que parece haber sido una partida legendaria a aquel juego. Si las referencias homéricas resultan ciertas, sería posible aventurar que la Petteia podría haber existido ya en la época de la Guerra de Troya, conflicto que los estudiosos del tema tienden a remontar hacia los años 1300 y 1100 a.C.

Pese a las teorías que apuntan a que era un juego de carreras, sobre todo por las anotaciones del historiador bizantino del S. XII, Eustathius Macrembolites, se ha preferido acordar su naturaleza estratégica y en las reconstrucciones históricas que se han hecho, se estima que debió de practicarse sobre tableros de 8×8 y más tarde de 12×8. Cada jugador disponía de las piezas suficientes para cubrir toda la línea de escaques correspondiente a su lado del tablero (8 ó 12) y el movimiento de éstas habría sido como el de las torres en el Ajedrez. Las capturas eran por medio de un método prácticamente transversal a la gran mayoría de los juegos de estrategia hasta la aparición del Ajedrez o el Alquerque durante la Edad Media, un método conocido como “captura de los guardianes”, el cual consistía en conseguir flanquear la ficha “presa” con dos de las fichas propias.

Probablemente la “captura de los guardianes” obedece a algún tipo de abstracción basada en la evidente superioridad que significaba en el campo de batalla, de enfrentar en igualdad de condiciones a dos soldados propios contra un solo enemigo. Lo anterior también lo era, y aún más manifiestamente, en los combates navales, cuando dos navíos de un mismo bando lograban flanquear a uno adversario.

 

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