Comer, viajar y jugar (#004): expresos y fillers

La columna dominical de La Ludoteca de Pampala en la que hablamos de comida, viajes, juegos de mesa y todas sus posibles combinaciones.

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“Viva Java, the dice game” representa la premiada versión express de su hermano mayor “Viva Java”, un juego basado en el tema de la producción y comercio del café

Si hacemos caso de la leyenda, probablemente debemos el café a la aguda observación de un tipo musulmán del norte de Abisinia (actual Etiopía), llamado Kaldi, quien notó como sus cabras se volvían locas tras comer de los frutos rojos de cierto arbusto que crecía en  forma silvestre en aquella región… Posteriormente, a través del mundo árabe (y un interesante proceso histórico en el que figuran conspiraciones e incluso una bendición papal simbólica de aquel fruto), el café llegó a todas partes del mundo.

Así como el pan o la cerveza, el café se trata de un alimento (o bebida) social, es decir que requiere de la concertación de una sociedad para poder desarrollarse; individuos que siembren, ciuden y cosechen los cafetos, otros que se encarguen del proceso de guarda y tostado de los granos, otros de su distribución y finalmente aquellos que preparen la deliciosa, aromática e incluso adictiva bebida.

Algunos dicen que el café expreso (o express o espresso) preparado con granos de la especie arábica, es el epítome del café, aunque personalmente lo prefiero cortado con leche o espuma de leche, de ser posible. El expreso se originó en Italia y se caracteriza por su preparación rápida, a la que debe su nombre, y a su sabor intenso, toda una experiencia. Ojo, que no cualquier café “no instantáneo” preparado en cualquiera de aquellos artilugios exóticos que existen, puede ostentar la denominación de expreso; para ello será necesario contar con una presión de salida de al menos 15 bar, de lo contrario jamás obtendremos aquella cremosidad tan característica de este tipo de servido.

El café expreso es apreciado como bebida al paso y rápida, se sirve en cantidades pequeñas para acompañar una conversación, como bajativo o para disfrutarlo en solitario. De ahí, el modelo “express” ha sido cogido para la denominación de una multitud de productos diferentes, incluidos los juegos de mesa, y hasta hace pocos años algunos hacían notar cierta tendencia o proliferación por hacer versiones express de juegos consagrados más complejos, generalmente de mayor aliento. Fue dentro de aquel boom cuando nacieron juegos como el Catán de cartas (1996), el Catán de dados (2007), el Ticket to Ride de cartas (2008), el Viva Java de dados (2014, el cual precisamente tiene la temática del café), el Arkham Express (2010), entre muchos otros. Nótese la apreciable recurrencia de las cartas y los dados para recrear estas versiones más ligeras.

El espíritu de estos juegos “express” es otorgar una experiencia similar a la que brindan las versiones originales, pero en menor cantidad de tiempo, con menos aparatosidad y con reglas más sencillas de aprender y explicar. Paradójicamente, el servido de café estilo “expreso” pretende algo similar: reunir toda la experiencia del café en una diminuta tacita.

Es necesario advertir que no todo juego “relacionado” hecho en virtud de una versión original, representa necesariamente una versión express, aunque e apariencia así lo parezca. Aquello sucede principalmente con secuelas hechas para cubrir otros nichos en expansión, como por ejemplo los juegos para menor cantidad de jugadores (habitualmente a dos o incluso en solitario). Algunos de estos juegos posibles de mencionar y que constituyen referente son el Le Havre: puerto fluvial (2012), Agricola: animales en la granja (2009) y San Juan (2004), este último secuela del Puerto Rico (2002).

A poco andar, los juegos express estrecharían filas con una nueva denominación o familia de juegos que comenzaría a acuñarse aproximadamente entre los años 2010 y 2012, los “fillers”, términología inglesa que pronto sería adoptada tal cual por el público hispanoparlante para designar juegos de mesa de características muy similares a los express, pero los cuales no necesariamente provienen de una versión original más compleja, sino que constituyen en sí mismos su propia saga, siendo concebidos como modelos lúdicos únicos.

El término filler tiene también su propia e interesante connotación filológica: resulta una derivación del verbo to fill que equivale a llenar o rellenar espacios vacíos. Es posible anotar también como todo el argot del mundo de la afición de los juegos de mesa está plagada de terminología de idioma inglés o de anglicismos, lo cual llama la atención si se tiene en cuenta que los juegos modernos encuentran su cuna y meca en Alemania, signo de que aparentemente los focos de desarrollo se están desplazando o de que, sencillamente, la lengua de Rosenberg es infumable. También resulta interesante el hecho de que los amigos españoles ofrezcan tan poca de su tradicional resistencia a utilizar terminologías extranjeras o de “castellanizar” dichas influencias, como sucedió en su momento con el fútbol (“balompié”) y los DJs (“pinchadiscos”), por no mencionar casos como “Mandíbulas de la Mar”, “A Todo Gas” y “Luke Trotacielos”, entre otros… pero aquello es harina de otro costal.

Un filler vendría a ser como un snack si parangoneamos de lo lúdico a lo alimenticio; juegos ligeros que se sacan a mesa para rellenar ciertos espacios de tiempo: cuando se espera a los demás jugadores necesarios para aquella partida concertada de otro juego, para relajar el ambiente entre partidas a juegos de mayor complejidad (así como un entremés entre platos) o para finalizar una agotadora sesión de juego (como bajativo). Así mismo, por sus especiales características vienen a ser útiles como rompehielo en aquellas reuniones sociales que parecen irse a pique (entrando en disputa o fundiéndose a veces con los “party games”) e incluso, por sus cajas pequeñas, para rellenar aquellos huecos difíciles que se producen en las estanterías de juegos.

Para finalizar, algunos juegos que la casa considera buenos exponentes de expresos y fillers (además de los ya mencionados). Como siempre, que cada quien saque sus propias conclusiones:

 

¡Mozo!, sírvame un expresso para acompañar esta partidita… Hasta el próximo domingo.

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