El Juego de la Oca (BHJM #12)

JUEGOS DE LA ERA MODERNA HASTA EL SIGLO XIX

La “Época”, “Era” o Tiempos Modernos” configuran un período de tiempo bastante complejo, cuyo inicio y fin resultan bastante difusos, pese a los hitos históricos que suelen mencionarse  como marcas temporales. Incluye dentro de su cronología una multitud de sub-períodos asociados a diversas corrientes artísticas y culturales que invariable y alternadamente remitían al Mundo Clásico o a la Edad Media.

En dicho sentido, durante esta Era, la práctica y desarrollo de juegos de mesa estaba estrechamente ligado a la difusión y  solidez de juegos del pasado, por una parte como un fino ejercicio artístico de elaboración y diseño de aquéllos, empleando las técnicas y herramientas del nuevo oficio de artesano, cada vez más requerido y mejor remunerado, y por otra parte, como medio de diversión para ocupar el ocio e intelecto del “nuevo hombre moderno”.

Sin embargo, igualmente asistiremos al desarrollo de algunos ejemplares interesantes…

 

El Juego de la Oca

A diferencia de los juegos más importantes que se venían desarrollando y que pasarían a convertirse en históricos, el Juego de la Oca no es en absoluto un juego de estrategia, sino del azar más puro, y en dicho sentido, prácticamente constituye un retroceso, en términos lúdicos, a los primeros ejemplares conocidos. No obstante, no es bueno desmerecer el sencillo y delicioso pasatiempo que representan este tipo de juegos, de entre los cuales, el Juego de la Oca ostenta elementos que lo convierten en un título sumamente singular e importante dentro de esta historia.

El Juego de la Oca corresponde, como ya se ha aludido, a un juego de la corriente de los del azar y en dichos términos, representa una carrera o competencia a través del progreso en un recorrido fijo de casillas, algunas de las cuales consideran situaciones especiales que modifican las reglas generales a veces en beneficio y otras en perjurio de aquel jugador que cae en ellas. La mecánica de movimiento es aquella sencilla por tiradas de dados.

Como se puede apreciar del párrafo anterior, se trata de un juego sencillo, casi pueril, que de no ser por su relevancia histórica y no lúdica, seguramente no habría sido referido aquí, a lo más, como una mera mención.

Rastrear un origen definitivo para este juego resulta, a día de hoy, una tarea tan imposible o incluso mayor que la de varios de los casos que ya se han analizado, porque además de que juegos de carreras han existido demasiados y han surgido de prácticamente todas las culturas y civilizaciones de la historia a través de los tiempos, este juego en particular, parece esconder un misterio aún mayor detrás de sus 63 casillas.

Su arraigo en la cultura cristiana occidental sugiere que sus orígenes hayan sido desde una época muy anterior y probablemente en alguna parte de indo-arabia, el Antiguo Egipto o, a lo más, Grecia, de hecho, muchos estudiosos lo asocian con el Mehen o con el Disco de Phaistos (2000 a.C.), debido principalmente al trazado en espiral de éstos. Pero independiente de su evolución histórico-lúdica como juego de mesa, sobre su aparición como tal, existen dos versiones bastante diferenciadas.

Una de ellas habla sobre un regalo efectuado por el príncipe florentino Francisco I de Médicis al Rey de España, Felipe II, entre 1574 y 1587. Aunque lo anterior no puede ser comprobado, sí existe una referencia escrita sobre la existencia del juego en una fecha muy cercana al período antes mencionado, la cual corresponde a un trabajo del impresor y encuadernador  londinense, John Wolfe, de junio de 1597.

De haber sido lo anterior cierto, la creación del juego podría haber sido atribuible a alguno de los tantos artistas que la familia de los Médici protegió durante su regencia y de los cuales eran mecenas, dando por descontado el acceso que tenían estos mismos artistas con las obras de arte y otros tesoros provenientes de las culturas clásicas, gracias a la riqueza e inmensa influencia de aquella familia; en dicho sentido, esta versión sobre la creación del Juego de la Oca no parece demasiado disparatada.

La otra versión sobre el surgimiento de este juego es un tanto más de índole mística y legendaria… Es que algunos estudiosos, sobre todo en lo referente al conocimiento de la kabala y de las ciencias herméticas, atribuyen el juego a un desarrollo lúdico realizado por los caballeros templarios, sobre un peregrinaje iniciático, probablemente aludiendo al Camino de Santiago de Compostela.

Si bien aquello resulta sólo una hipótesis, la verdad es que está mucho más fundamentada de lo aparente. Por una parte, la representación del camino en el tablero de juego es evidente, lo mismo que el simbolismo de sus casillas y el propio de la “oca”, del “ganso” y del “cisne”, que gozaban de una enorme presencia dentro de la imaginería templaria, tanto así que es posible encontrar referencias a dichas aves a lo largo de todo el camino de peregrinación antes señalado.

Del mismo modo, el número 63, el total de casillas que comprenden el recorrido del tablero, tiene una especial reputación en la numerología, ya que está estrechamente relacionado a dos importantísimos números de aquella doctrina mística; la suma de sus dos dígitos suman 9 (6+3=9) y además el 63 señala el pasaje (corredor, senda, ruta… recorrido) previo al número 64, que representa el “estado final”, es decir, el juego representaría las distintas etapas de la vida humana. Como será comprobable en las múltiples diversificaciones que tuvo el Juego de la Oca como pasatiempo lúdico-social, principalmente a partir del S. XVI y hasta el S. XIX, la gran mayoría de los juegos de recorrido utilizarían, con otros conceptos artísticos, las mismas 63 casillas.

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Versión del Juego de la Oca de la Librería Piferrer, ubicada en Plaza del Ángel

Igualmente que en el caso de la teoría de los Médici, también es prudente anotar que la Orden de los Templarios también podría haber tenido un acceso privilegiado a reliquias y vestigios del mundo antiguo, incluyendo el Tesoro del Rey Salomón, si hacemos caso de las leyendas al respecto.

Así mismo, hay quienes defienden la postura de que el arraigo del juego en Europa y cómo éste se ha mantenido prácticamente inalterado en el tiempo, sobre detalles como la cantidad exacta de casillas o el nombre y ubicación exacta de las casillas especiales, no podría obedecer a la mera invención de un artista, sino más bien a cierta “divulgación y expansión protegida de su tradición” a través de los años.

El Juego de la Oca se jugaba originalmente por dos o más jugadores, en realidad tantos como físicamente fuese posible, en un tablero que representaba una espiral de 63 casillas, desde el inicio (casilla 1) en el exterior, hasta “El Jardín de la Oca” (casilla 63) al centro del tablero. Dependiendo de la versión, el juego podía ser jugado con uno o dos dados de 6 caras, por medio del método de “progreso simple con dados”, es decir que se avanzaban tantas casillas como el resultado del dado (o la suma de ellos).

Las casillas especiales eran:

Las ocas, que se encuentran cada 9 casillas a partir de la 5 y la 9, respectivamente. Cuando se caía en una de estas casillas, el jugador avanzaba libremente a la casilla de oca siguiente y, además, podía volver a lanzar. De esta aventajada situación proviene aquella popular copla española que dice: “de oca en oca y tiro porque me toca”.

El puente, que se encuentra ubicado en las casillas 6 y 12. Cuando se cae en uno u otro se avanza o se retrocede, respectivamente, y se vuelve a tirar. La tradición canta: “de puente a puente tiro porque me lleva la corriente”.

La posada, ubicada en la casilla 19, hacía perder dos turnos al jugador que cayese en ella.

El pozo, de la casilla 31, igualmente hacía perder dos turnos al desafortunado.

Los dados, ubicados en las casillas 26 y 53, hacían avanzar libremente 9 casillas a quien cayese sobre ellos. Lo del avance de 9 casillas obedece a la suma de los dados representados en dichas casillas, 3 y 6 en la primera; 4 y 5 en la segunda. Existen versiones con resultados distintos, en las cuales ha de avanzarse la cantidad de casillas indicada por la suma correspondiente.

El laberinto, de la casilla 42, que obligaba al jugador a regresar a la casilla 30. Contrariamente, algunas versiones indican que el jugador no puede abandonar esta casilla hasta obtener cierta tirada de dados.

La cárcel, en la casilla 52, hacía perder 3 turnos al jugador que allí cayese.

La Muerte, ubicada en la casilla 58, obliga al desafortunado a regresar al inicio del juego en la casilla 1. Lamentablemente esta casilla especial representaba un sino bastante recurrente, debido a la alta probabilidad de incidencia procurada por la característica especial de la última casilla…

El Jardín de la Oca, ubicado en la casilla 63, constituía la meta y otorgaba la victoria al primer jugador que consiguiese caer en él. Sin embargo aquello no era una empresa fácil, ya que debía caerse exactamente por el resultado de dados en esta casilla, debiendo retroceder la diferencia en jugador que excediese el resultado necesario.

juego del mono

Gioco della Scimia o “Juego de la Mona”, de Gatti Altiero (1588), un extraños y algo siniestro espécimen italiano del Juego de la Oca

 

Como ya se ha mencionado, el Juego de la Oca gozó de gran popularidad, principalmente desde la década del 1880, cuando comenzaron a producirse las primeras versiones comerciales, sumamente adornadas con motivos característicos de dicha época.

Lo anterior resulta especialmente trascendente en el sentido de que, particularmente en este juego, el impacto de la imprenta moderna se haría sentir con bastante intensidad, así como ya había sucedido con los libros. El Juego de la Oca, más allá  de  su  mecánica simple, o  tal  vez  en  virtud  de ello,  fue fuente de inspiración para gran cantidad de versiones y juegos posteriores, obras de artistas e impresores que pretendieron aprovechar dicha popularidad para vender las suyas propias,  las cuales sin embargo no consiguieron desmerecer el juego original, pero sí que probablemente serían los precursores de los métodos de producción que pronto irían a revolucionar el mundo de los juegos de mesa, asentando lentamente lo que más tarde iba a ocurrir con el desarrollo de las técnicas industriales y la asociación de los “juegos de sociedad” con el mercado del juguete, fundamentalmente a partir de mediados del siglo XIX.

cupidon

Le Jeu Royal de Cupidon (“El Juego Real de Cupido”), autor anónimo, impreso en París, 1640

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