El poderoso (y en ocasiones duro) tirón de la nostalgia…

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Gord!, Santorini. Ed. Roxley Games, 2017. (fotografía de @analisisalcubo)

Estaba mirando el tuiter cuando me encontré con una bella foto del Santorini subida por Yol, la titular del muy excelente blog/website español, Análisis al Cubo, y me ha recordado que en su oportunidad estuve a un tris de apuntarme en el Kickstarter de aquél; no porque me gusten demasiado los juegos de estrategia abstracta ni porque me sobre el dinero (por el contrario), sino porque de algún modo dicho juego me recuerda mucho a otro juego de los años 80s, que en su oportunidad no pude tener y que actualmente cuesta demasiado si lo compras por Ebay y te lo pides a Chile…

El juego del que hablo es el Cathedral, un juego creado por Robert P. Moore, un piloto de la New Zealand Royal Air Force (la Fuerza Aérea Neozelandesa), en 1978, y que aquí en Chile, al menos, llegó a mediados de los 80s la versión en plástico de Mattel.

Se trata de un juego bastante sencillo (en reglas), cuya idea original, según declaró su autor, se le vino a la cabeza mientras realizaba una maniobra aérea sobre la ciudad de Christchurch, cercana a la base de Wigram, cuando mantenía fija la vista sobre el pináculo de la catedral mayor, como punto focal para la acrobacia.

No sé si aquello será cierto o no, pero lo que sí sé es que aquella propaganda ochentera de Mattel para la TV me había dejado alucinando… No obstante los mayorcitos sabrán que la infancia por aquellos años era muy distinta a la actual y rara vez podíamos obtener de nuestros padres estas cosas que ellos consideraban superfluas.

Recuerdo haberlo tenido en mis manos una vez que lo vi en el Parque Arauco, no recuerdo si en Falabella, “Almacenes” París o quizá en el Muricy (mi carné acaba de dejar una grieta en el piso), y recuerdo especialmente lo mucho que me gustó la pieza correspondiente a la Taberna (la de un espacio), cuya manufactura era, según recuerdo, muy similar a las actuales piezas de poblados, ciudades y caminos del Catán.

Le comenté esto a Yol y me ha dicho que su contrincante en Santorini, su primo, también había recordado a Cathedral mientras jugaba, así que no debo de andar demasiado fuera de diana, jejeje.

Relativo a los juegos de mesa existe mucha nostalgia, aunque dada mi relación con varios aficionados ibéricos, resulta interesante destacar las diferencias entre lo que fue el mercado de juegos de mesa anteriores a los “modernos”, entre el 1er. mundo (USA y la Europa de “este lado de la cortina de hierro”) y el battleground de la Guerra Fría que constituía Sudamérica en aquellos años.

Es que Cathedral se trataba de una novedad bastante atípica y que en realidad debe de haber gozado de un éxito bastante discreto si es que no lo fue nulo… de todos mis amigos, sólo uno de ellos recuerda haberlo jugado (ni siquiera haberlo tenido), pese a haber pasado aquella época dentro de un entorno bastante “acomodado” (por favor dejar las bromas, opiniones y resentimientos políticos en otros blogs).

Por lo que he podido notar, en España el peso de la nostalgia lo representan aquellos ejemplares nacidos del convenio Milton Bradley – Games Workshop, relativos a HeroQuest y Cruzada Estelar, y también los juegos de CEFA por parte nacional, como lo fueron En busca del Imperio Cobra El Templo de la Araña de Cristal, entre otros.

 

Aquellos juegos acá en Chile representaban “material de leyenda” y de cuando en cuando se los escuchaba mencionar en oscuras conversaciones de recreo, con unas referencias aún más oscuras incluso. Acá la nostalgia está representada por los juegos de Guau, Plásticos Pardo y de Otto Krauss (la grieta en el piso amenaza con tragarme): Metropolis, Ataque, Sospecha, ¡Atrapemos al Ladrón!, ¿Quién sabe más?, El Gran Escape, la gran mayoría clones de juegos registrados por las grandes jugueteras internacionales, que acá escasamente llegaban, como Parker Brothers, Hasbro, Mattel y Milton Bradley.

 

trumpet

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4 pensamientos en “El poderoso (y en ocasiones duro) tirón de la nostalgia…

  1. Curioso lo que mencionas… aunque yo no tuve las posibilidades que tú, al vivir en tan acomodados espacios urbanos en aquellos años XDD, tu entrada me ha traido algunos recuerdos y cruces que hace la memoria con algunos juegos que vi y quise tener cuando pequeño.

    Visitar la juguetería de Otto Krauss no tenía precio, y entender ahora que muchos de los juegos que anhelábamos eran plagios descarados, me asombra, pero me hace reflexionar en lo lejos que estábamos de todo.

    Uno de estos juegos es el Stratego de Jumbo que alguna vez lo jugué, porque un vecino lo tenía. En esa época nunca me fijé en el nombre, y no supe como se llamaba hasta que un día vi una fotografía de una versión antigua en la red.

    Hay juegos que al verlos nos transportan a recuerdos que creíamos olvidados, pero ahí están, guardados y esperando ese nexo que los despierta.

    Saludos 😉

    • Pero como ves, hoy soy pobre como una rata, jajaja, XD.
      En el mismo orden de ideas que mencionas, me has hecho recordar que unos primos de Chimbarongo, tenían aquel Stratego de Jumbo… anda a saber cómo lo habrán obtenido… ¡Ah!, y en la casa de mis abuelos había un Scrabble, pero ese viejo de caja roja y con las fichas de madera…

      • Eso mismo me pregunto… quiénes vendían esos juegos en Chile por aquellos años ¿? … seguramente eran objetos traidos de viajes al extranjero por algún familiar, alguna encomienda de regalo del viejo continente o tal vez comprados en algún stand de la FISA en Cerrillos… A la FISA venían muchos países de Europa y recuerdo que me encantaba visitarlos con mis papás… pero en la memoría solo retengo stands de dulces y chocolates con envoltorios metalizados… interesante sería averigüar si por aquellos años 80 vino alguna vez algún stand con juegos de mesa.

      • Al menos las cosas yanquis que habían en casa de mis abuelos eran todas traídas directamente de USA, ya que él participó de la misión militar el Washington a finales de los 60s y/o principios de los 70s, es decir que vivió cerca de dos años y medio allá, con familia y todo…
        Sobre la FISA (Feria Internacional de Santiago), no recuerdo haber visto juegos de mesa, aunque tampoco me fijaba en esas cosas por aquellos años. Lo que sí recuerdo es que en Van de Wyngard traían “novedades exclusivas” de juegos de mesa y ocio indoor no electrónico…

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