Noche de juegos en el 801: #004 Scythe y Saboteur

13b-1920 - scythe

(15 de agosto de 2017) […] Scythe… Scythe… ¿Qué puedo decir de ti…?

Anoche nos reunimos varios en el 801; la morada de la Pali y de Pablo, sin que ninguno de nosotros llegase con algún apetito demasiado definido; se suponía que Felipe nos enseñaría el Last Friday, pero aparentemente no advirtió los dardos en Telegram al respecto. De pronto a alguno se le ocurrió la idea de sacar el Scythe de la estantería de juegos y a nadie le pareció mala idea. Sería una partida a 6 jugadores y yo era el único que jamás lo había jugado, por lo que Pablo me ofreció una magistral explicación de reglas personalizada.

Scythe

Scythe  es un producto nacido del micromecenazgo a través de Kickstarter. Su autor, Jamey Stegmaier, de algún modo consiguió el apoyo de Jakub Rozalski para argumentar su diseño lúdico en la obra artística de este último. Es que un porcentaje importante de la fama de Scythe, está fundamentado en el precioso arte que forma parte de su apartado visual.

01-1920-on-the-road-small

Jakub Rozalski, un talentoso artista polaco que vive en Cracovia, previamente había estado trabajando en la creación de un “universo pictórico” de historia alternativa, inspirado en la guerra ruso-polaca, posterior a la Gran Guerra de 1914; una colección de imágenes, la gran mayoría de carácter bucólico y profundamente evocativas, en las que suelen aparecer campesinos abstraídos en sus labores agrícolas, mientras que por el fondo u otro lugar no central, se pasean así como si nada, titánicos ingenios mecánicos de guerra y desplazamientos de unidades militares de infantería o de caballería. Todo con un aspecto que no sé si definir como steampunk tardíopre-dieselpunk (aunque aquello sería una conversación demasiado friki para este blog, jejeje). Se trata de imágenes con una pátina emocional ambigua, en las que inquieta un poco el hecho de que los campesinos parezcan tan imperturbables, incluso ajenos, a los obvios vientos de guerra y a las inmensas máquinas que atraviesan los campos rumbo al campo de batalla… el asunto me recuerda un poco a la novela Adiós a las Armas, de Hernest Hemingway, al principio, cuando el narrador habla de la guerra como si fuese algo lejano y exógeno, pese a las evidencias de su realidad (y que más tarde el protagonista sufrirá en sus propias carnes).

Así como las imágenes de Rozalski pueden parecer ambiguas en cuanto a qué es lo que ocurre, el juego de Stegmaier no se queda atrás: las facciones convergen hacia una fábrica ubicada al centro del tablero, cubierta con cierto halo de leyenda proveniente de la época anterior a las de los eventos actuales, según entiendo (lo que me hace recordar un poco el asunto del SDF-1 y la búsqueda de la protocultura, en Robotech, jeje). Pero aquello no sucede necesariamente en pie bélico, pese a la presencia de los líderes y las máquinas artilladas, entre tanto que los campesinos consiguen nuevos recursos y expanden ocupando frágiles territorios fronterizos… No obstante, no podría asegurar que lo anterior sea parte de una intencionalidad temática urdida por el autor, o si será un mero accidente de diseño, porque me parece que el asunto de la ambigüedad emocional queda mejor sobre el lienzo que sobre el tablero.

Pero no estoy diciendo que Scythe me haya parecido un mal juego, aunque sí me ha parecido un juego extraño; incómodamente extraño. Cuando mi otro amigo Felipe (@fcampos26, del blog El Meeple Chileno), me preguntó sobre la experiencia, le tuitié lo siguiente:

IMG_0268

 

Esa ambigüedad de la que hablo, es lo que parece ser uno de los aspectos controversiales del juego. He notado, tanto a través de mi propia experiencia como de la lectura de varias reseñas y comentarios, provenientes de aficionados cuyas opiniones suelo compartir (y de otros con los que no tanto), que Scythe no es considerado un wargame, ni un eurogame, ni tampoco un 4X. Pero no nos confundamos, no es esta indefinición a nivel semántico lo que lastra al juego —aquello no tiene relevancia en sí mismo—, el asunto medular es la raíz que dicha indefinición encuentra en su trasfondo a nivel temático, de mecánicas y de componentes, que resultan en aquel conjunto inclasificable sobre el que tanta tinta se ha derramado.

¿Conocen a Cachupín? Ese lindo perrito fotografiado frente a un tablero de Monopoly, germen de memes por doquier; pues así me sentía cuando comenzó la partida, y no porque la explicación por parte de Pablo hubiese sido mala —au contraire—, sino porque el conjunto físico y de información al que se enfrenta el novato resulta bastante abrumador.

c483a9f96a417f8f64c118d5ba1f6964

Cachupín, el perro jugón.

Iniciaría la partida Daniela, quien jugaba con la facción de los crimeos (una suerte de pueblos balcánicos), luego Pablo con los sajones (alemanes-prusianos), a continuación iba Andrés con los polanios (polacos), Felipe León con unos pérfidos albiones (referencia geográfica obvia), sacados desde la expansión “Invaders from Afar”, luego Pali con los nórdicos (ídem paréntesis anterior) y finalmente este ludotecario con la tormenta roja de los rusoviéticos… Obviamente no faltó el desubicado que intentó bromear con mis supuestas tendencias ideológicas (¡cof, cof! ¡Andrés! ¡cof, cof!); pero les demostraría a todos que igualmente podía guiar a unos cochinos bolcheviques 😉

Ni siquiera intentaré relatar cómo fue la partida ni detenerme con demasiado detalle en las reglas, reconozco que soy demasiado rookie en el juego y éste tampoco consigue ser lo suficientemente temático como para poder narrar los hechos como una historia. Tampoco se trata de aquellos juegos en los cuales, unas reglas aparentemente complicadas en su explicación, se revelan sencillas una vez realizados uno o dos turnos.

Sí diré, que aunque por mis palabras no lo parezca, que Scythe me pareció un gran juego… un gran y extraño ejemplar lúdico, tanto así que mientras trataba de hilvanar algún curso de acción lógico durante los entreturnos, llegué a pensar en cómo me gustaría tener el juego, una casa en la playa y un grupo de parientes y/o amigos coetáneos pesados de esos que se van a pasar las vacaciones a tu casa en la playa, para poder disponer del suficiente buen tiempo para desvelar los entresijos de sus mecánicas partida tras partida…

IMG_0262

Mi perspectiva de la mesa de juego; la sobreproducción del conjunto es evidente.

Pero sigamos destripando, que resulta más sabroso.

Otro de los problemas que a mi juicio tiene Scythe, es que es hijo de Kickstarter, y no un vástago cualquiera, sino que uno ilustrísimo, y como tal, adolece de todos los vicios asociados a un proyecto de dichas características, principalmente el fanservice a mansalva y su vulgar corolario, la sobreproducción. Me parece que el juego pierde elegancia con los meeples y los contadores diferentes para cada facción y uso; unos sencillos cilindros para los distintos marcadores habrían quedado bastante mejor (creo que en un principio eran así), además, los trabajadores quedan bastante desmerecidos frente a las figuras de los mechas (o mechs o como quieran llamar a los dichosos robots). Por otra parte, el bello artwork complementario (el de las tarjetas de facción/personaje y de las cartas) contrasta sobremanera con el mapa del tablero, que es sencillamente horroroso; no sé si dicho mapa también es obra de Rozalski, pero si es así, definitivamente su futuro no está en la cartografía. Para colmo de males, el overbooking que finalmente se termina generando sobre el tablero, con tanto componente de diversas naturalezas, hacen que el conjunto luzca como un escándalo de colores que lucha entre lo psicodélico y un charco de vómito post festín de comida mexicana…

IMG_0265

El final de la partida. Lo siento, pero esto no es precisamente una bonita fotografía lúdica.

 

Otra lástima producto del Kickstarter, es aquella sensación de que te están vendiendo un conjunto incompleto, el cual incluye elementos que sólo cobran sentido al comprar “expansiones” que en realidad no lo son, sino más bien recortes hechos al juego original para venderlos por separado… Incluso hay un poco de mal gusto en el hecho de que al reverso del tablero metan una de las dos mitades del tablero XL, cuya otra mitad debe ser adquirida también por separado.

Pero pese a todo, Scythe es un extraño ejemplar, cuyo interés imagino que debe provenir de la inclinadísima curva de aprendizaje que se deduce de él. Es un juego desafiante para cada una de sus facciones y en cada una de sus alternativas; si bien como ya dije, no es un eurogame, ni un temático, ni un wargame ni un 4X, recoge muchas cosas buenas de cada una de aquellas escuelas de diseño; lograr urdir un plan y llevarlo a cabo resulta una odisea y siempre vas corto de tiempo o de recursos o de espacio o de poder militar o de popularidad… Y cuando crees que ya estás en condiciones de surgir, aparece un jodido mecha rival desde un puto túnel y te echa todo a perder (¡Pablo, te odiaré para siempre!).

Al final ganó Felipe, sin construir ni un solo mecha. Yo perdí y demostré que no sirvo para guiar sucios bolcheviques, antecedente que se suma a mis intentos en Twilight Struggle.

Eso sí, los combates son una basura triste, aunque una de un tipo muy funcional y lógica.

Y pese a todo, es un buen juego; un extraño pero buen juego.

Interludio didáctico: la capacidad de los mechas de llevar campesinos sobre sí, muy seguramente está basado en un recurso de circunstancias utilizado en el ejército para acarrear tropas de infantería sobre tanques, llamado: “tropas acoladas”.

Saboteur

Luego echamos una partida al Saboteur, en parte como alivio cómico para las tensiones sufridas con el juego anterior.

pic3200565_md

¡Un derrumbe en la mina! (carta de fastidio). Imagen gentileza de BGG (olvidé sacar fotos, jeje)

Se trata de un juego sencillo y divertido, implementado únicamente por cartas, entre las cuales las hay de variados tipos: la mayoría sirven para ir conformando los túneles de una laberíntica mina, otras representan a los personajes que cavan (o no) los túneles en busca (o no) del oro, otras cartas que representan fastidios (o puteadas) entre los jugadores y/o alivios a éstos, y finalmente tres cartas que representan tres yacimientos que alcanzar, de los cuales sólo uno tiene el codiciado (o no) oro.

Las mecánicas principales son colocación de losetas (implementadas mediante cartas para la mayor sencillez del conjunto) y de roles ocultos, ya que no todos los jugadores bregarán para alcanzar el oro, sino que una minoría deberá conspirar e intrigar para que los demás no consigan su objetivo.

Sorteados los roles a través de la repartija al azar de las cartas de personajes, todos los jugadores se alternan para ir jugando cartas desde sus respectivas manos, también repartidas al azar; dichas cartas pueden ser para ir añadiendo túneles que conduzcan (o no) a las cartas objetivo o para fastidiar a otro jugador a través del fallo de sus herramientas de minería (zapapico, linterna o carretilla rotos) o para aliviarse (uno mismo u otro jugador) de algún fastidio impuesto previamente, a través de las cartas correspondientes. Una vez jugada una carta, se roba otra del mazo inmediatamente.

La gracia del juego está en intentar descubrir a los saboteadores y conseguir bloquearlos antes que sea demasiado tarde y éstos logren impedir llegar al oro, ya que la ronda acaba al agotarse el mazo y las cartas de túneles en las manos. Los saboteadores, por su parte, deben hacer lo contrario; ir fastidiando los túneles, pero sutilmente, cosa de pasar inadvertidos en sus planes al menos hasta que ya sea demasiado tarde.

La partida cuenta de tres rondas y al final de ellas ganan premios los enanos mineros, si consiguen llegar hasta el oro, o los enanos saboteadores si consiguen fastidiar a los demás. Al final de la partida gana el jugador que haya conseguido la mayor cantidad de premios (ya que las cartas de éstos vienen con una cantidad variable de pepitas de oro).

Si no recuerdo mal, las tres expediciones fueron exitosas en cuanto a llegar hasta el oro y sólo perdí en la última, en la que me tocó, junto con Pablo, ser saboteador. En todo caso, al menos gané el Chwazi que jugamos para escoger al jugador inicial, por lo que la noche no estuvo tan mal.

pic518125_md

En esta imagen (también gentileza de BGG) se aprecia cómo se van conformando los túneles desde la carta de inicio (la con una escalera, a la izquierda) hacia las cartas de yacimientos; sólo una de ellas tiene el oro, las otras dos contienen carbón sin valor alguno)

También he de mencionar que, en mi irrenunciable labor formativa como ludotecario, les enseñé a todos los allí presentes que en folleto plegable con las reglas del Saboteur, por todo el costado de éstas, viene incluida una regleta para medir las siete “cartas de distancia” que median entre la carta de inicio de los túneles y los yacimientos objetivo.

Esa noche regresé a casa pisteando como un campeón por las oscuras y tenebrosas calles, mientras el reproductor de audio HIFI del súperdeportivo reproducía el temazo “Doble Opuesto”.

 

¡Hasta la próxima!

trumpet

Anuncios

3 pensamientos en “Noche de juegos en el 801: #004 Scythe y Saboteur

  1. Me gustó mucho tu reseña de Scythe, si que es un juego difícil de definir, y concuerdo con muchas otras cosas que señalaste (en especial la de ese tablero, q me ha costado unos cuantos juegos acostumbrarme, y creo que aún no lo logro del todo). Pero lo de los distintos meeples para las facciones y las diferentes figuras para marcar los tracks si me gusta, y la verdad incluso me ayudan a no perderme en el tablero de juego…
    Ahhh lo último… gane yo! no Felipe, saque 52 puntos y Felipe 51, debes haberte quedado con la idea equivocada pues cuando contamos los puntajes Felipe tenía 3 puntos más que yo, pero no habíamos contado los puntos del bono por construcción y ahí saqué 4 puntos más y Felipe no tenía ninguno lo que me otorgó la victoria 🙂
    Fue un gustazo jugar con usted, como siempre, esperamos verlo de nuevo prontamente en el 801!

    • Mis más sinceras disculpas por el yerro, Sra. Pali, tiene Ud. toda la razón; ahora seguro que el Ludotecario en Jefe me envía unos días a pensar en eso a la mazmorra o a mondar patatas a la cocina, pero bueh!, noblesse oblige.
      Por otra parte, que bueno que le haya gustado la entrada, porque tenía un poco de susto por lo que podría parecer alguna ofensa a vuestra encomiosa invitación a jugar 😉

  2. Buenísima entrada, me entretuve mucho leyendo tu reseña del Scythe, ya son muchas las voces que respeto donde cuestionan su calidad por lo cual creo que hice bien en comprar el Terraforming Mars y no el juego de los mechs.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s